Siempre hay viento en el Golfo de Arauco. En tierra, en el poblado de Tirúa o su vecino Quidico, a veces es sólo una brisa, un tenue soplo, las más, es un viento fuerte, intenso, casi siempre frio. Ese es el lugar por el cual hasta fines del Siglo XIX pasaba el único camino autorizado por el pueblo Mapuche que permitía la unión de Concepción y Valdivia. Al frente, como una sombra, está la Mocha.
Es la isla desde la que según la mitología mapuche parten las almas, en una balsa fúnebre, hacia un lugar más allá del horizonte. Es la leyenda de Trempulcahue citada por el jesuita Diego de Rosales en plena Colonia y redescubierta por el historiador Tomás Guevara en 1898: cuatro ballenas, cuatro viejas mujeres mágicamente transformadas en cetáceos, transportan todos los días al caer el sol las almas de los mapuches muertos hasta la isla. Extrañamente, vista desde el aire, la Mocha parece una ballena.
Lugar de numerosos naufragios, descubierta por el navegante italiano Juan Bautista Pastene en 1552, la Mocha fue durante años refugio de piratas como Francis Drake y Oliver Van Noort, fue también el hogar de un gigantesco Cachalote al que los marinos europeos y norteamericanos de los barcos balleneros del Siglo XIX llamaron Mocha Dick.
En los registros de la Capitanía de Puerto de Valparaíso, y fechados hacia 1810 hay informes del avistamiento de un gran cachalote blanco en las cercanías de la Mocha. En 1839, la revista norteamericana “Knickerbocker” publicó el relato de un oficial de la armada norteamericana sobre la lucha de su tripulación contra una gran ballena “blanca como la lana” la que fue finalmente capturada después de ser perseguida por balleneros de distintas nacionalidades que habrían clavado en su lomo una veintena de arpones.
Veinte años antes, en agosto de 1919, había zarpado desde Nantucket, Estados Unidos, el velero Essex. Al mando del capitán Pollard el buque se dirige al sur por el Atlántico con escala en las Islas Azores y Cabo Verde. Ya en el Pacifico, frente a las costas de Chile, logra la captura de varias ballenas las que faenadas producen un cargamento de cientos de barriles de aceite. Luego de recalar y abastecerse en Talcahuano, el Essex sigue rumbo al norte en la ruta migratoria de las ballenas.
Después de haber cargado tortugas marinas en las Islas Galápagos, la tripulación avista un cachalote de gran tamaño que se dirige con rumbo de colisión hacia el barco. El piloto maniobra para alejarse. El cachalote, sin embargo, se estrella violentamente contra la nave. Alejándose unos cientos de metros, la descomunal ballena embiste nuevamente al Essex por babor. Con una vía de agua incontrolable y a poco más de un año de su zarpe, el 20 de noviembre de 1820, la nave comienza a escorar en pocos minutos. Tres botes le permiten a la tripulación salvar la vida.
El 15 de febrero de 1821, a casi tres meses del naufragio y después de separarse de las otras embarcaciones un grupo de sobrevivientes es rescatado cerca del Archipiélago de Juan Fernández, entre ellos un joven de 14 años, Thomas Nickerson. En cinco días llegan a Valparaíso. Un bote con otros dos náufragos es encontrado por el bergantín Dauphin a la cuadra del Golfo de Arauco. Del tercer bote nunca más se supo.
En 1851, mientras en Chile es electo como Presidente de la República Manuel Montt y Vicente Pérez Rosales impulsa la migración para poblar el país al sur de Concepción, un ex marinero de nombre Herman Melville publica un relato titulado Moby Dick, La Ballena blanca.




